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viernes, 11 de septiembre de 2026Reflexión editorial · Inspirada en Juan 11:32–36

Las lágrimas no contradicen la fe. Jesús se acerca al duelo con presencia y nos permite atravesar la pérdida sin fingir ni apresurarnos.

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Jesús, acompáñame en esta ausencia que duele. Recibe mis lágrimas, rodéame de personas compasivas y dame paciencia para vivir el duelo a un ritmo honesto. Amén.

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