Las lágrimas no contradicen la fe. Jesús se acerca al duelo con presencia y nos permite atravesar la pérdida sin fingir ni apresurarnos.
Hazla tu oración
Jesús, acompáñame en esta ausencia que duele. Recibe mis lágrimas, rodéame de personas compasivas y dame paciencia para vivir el duelo a un ritmo honesto. Amén.