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domingo, 20 de septiembre de 2026Reflexión editorial · Inspirada en Juan 21:15–19

Un fracaso reconocido no tiene que convertirse en tu identidad final. Jesús puede restaurar propósito de una manera que produzca responsabilidad, amor y cuidado.

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Hazla tu oración

Jesús, recibe mi fracaso sin permitirme esconderlo. Restaura en mí lo que puede servir al bien, enséñame a aceptar consecuencias y hazme más cuidadoso con los demás. Amén.

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